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Mi Newt.org
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| Una victoria sobre la maquinaria política |
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Este boletín semanal fue publicado en inglés en Newt.org el 01/27/10
“Si la Primera Enmienda tiene alguna fuerza, es la de prohibir al congreso de multar o encarcelar a ciudadanos, o asociaciones ciudadanas, por simplemente involucrarse en el discurso político.”
Estas son palabras del juez Anthony Kennedy, escribiendo para la mayoría, en una decisión histórica de la Corte Suprema que comenzó con un hombre, una película, y un mensaje que molestó a la maquinaria burocrática de Washington.
En enero del 2008, mientras ardían las primarias presidenciales del partido demócrata entre los senadores Hillary Clinton (NY) y Barack Obama (IL), el productor de películas Dave Bossie decidió promocionar y distribuir su documental de 90 minutos, “Hillary: The Movie.” (Callista y yo presentamos y producimos películas con Dave.)
La película ofrecía un punto de vista crítico sobre la senadora de Nueva York que competía por la presidencia. Pero Bossie quedó impactado cuando oficiales del gobierno de la Federal Election Commission (FEC) le dijeron que su película no podía ser mostrada ni promocionada. ¿La razón? Clinton era una candidata para un puesto en el gobierno federal, por lo que la película de Bossie era ilegal bajo la ley de financiamiento de campañas electorales.
La compañía productora de Bossie, Citizens United, los demandó alegando que su derecho a la libertad de expresión, establecido en la Primera Enmienda, estaba siendo negado por el gobierno. La decisión tomada por la Corte Suprema la semana pasada no solo fue la reivindicación de los derechos de libertad de expresión de todos los estadounidenses. También fue un gran paso hacia el desmantelamiento de la maquinaria política que protege a los políticos titulares (los que han sido elegidos y están actualmente cumpliendo un período). Esta máquina ha sido creada por “reformas” burocráticas para el financiamiento de campañas, como la ley McCain-.Feingold.
Al declarar que el gobierno no tiene el derecho de suspender el discurso político de grupos como Citizens United, la Corte Suprema ha comenzado a facilitarles el camino a candidatos de clase media, permitiéndoles competir con los ricos y poderosos.
El modelo de financiamiento de campañas burocrático y anti-libertad, estaba equivocado
Citizens United v. FEC es una evidencia más de que el modelo de reformas burocráticas para el financiamiento de campañas – en el que el gobierno restringe la libertad de los estadounidenses de criticar a sus políticos, en vez de maximizarla para así poder cuestionar a nuestros líderes – era el equivocado.
Los Founders comprendían la importancia del derecho ilimitado que tenían los ciudadanos de quejarse de su gobierno. Reconocieron el peligro de que los políticos controlen o censuren el debate acerca de sí mismos. Es por eso que escribieron en la Primera Enmienda a la constitución que “el congreso no hará ninguna ley… que vaya a coartar la libertad de expresión.”
Estas palabras y este derecho han sido increíblemente pervertidos por leyes como McCain-Feingold, que creó una ley en el Congreso coartando explícitamente nuestra libertad de expresión. Un intento de los políticos titulares para censurar la discusión de la gente sobre si ellos deberían permanecer en sus puestos.
El gobierno no puede limitar la capacidad de las asociaciones ciudadanas de donar dinero a las campañas
Citizens United fue una gran victoria para la libertad de expresión porque declaró que el gobierno no puede limitar el derecho de las empresas y sindicatos – las asociaciones ciudadanas a las que el juez Kennedy se refiere – de gastar libremente para apoyar u oponerse a candidatos en las elecciones.
Eliminó la parte en la ley McCain-Feingold que censuraba los anuncios políticos financiados por empresas a menos de 60 días de las elecciones federales, y a menos de 30 días de las primarias.
Aunque sigue vigente la prohibición para las empresas de realizar donaciones directamente a los candidatos, así como coordinar actividades con ellos, se revirtió un fallo anterior de la Corte Suprema que permitía al gobierno prohibir a empresas, fundaciones y sindicatos, gastar dinero de manera independiente para influenciar el resultado de una elección.
Haciéndolo más fácil para que candidatos de clase media puedan competir con los políticos titulares
La reacción casi histérica de los proponentes de las leyes burocráticas para el financiamiento de campañas, como la del gran recaudador de dinero, el senador titular demócrata Charles Schumer (NY), de que la decisión no es americana y supone una “amenaza a nuestra democracia”, está totalmente equivocada.
Leyes como McCain-Feingold les dan a los políticos de Washington una tremenda ventaja sobre ciudadanos de clase media que quieren competir. Los titulares tienen literalmente millones de dólares en personal pagado con el dinero de los contribuyentes, y privilegios para viajar y enviar correos.
El ex-gobernador de Nueva Jersey, Jon Corzine (D), usó su propia fortuna de Goldman Sachs para primero comprar un asiento en el senado, y luego la gobernación. Y el alcalde de Nueva York, Mike Bloomberg, hubiera sido derrotado por un virtual desconocido en noviembre pasado, si no hubiera sido capaz de gastar sus millones.
Citizens United v. FEC no amenaza nuestra democracia. La refuerza haciéndole más fácil el camino a candidatos de clase media, para que puedan competir contra los ricos y los titulares.
Una verdadera reforma sería permitir donaciones ilimitadas a través de internet
Aunque la decisión de la corte fue importante, no fue una verdadera reforma al financiamiento de campañas electorales.
Una verdadera reforma sobre nuestra constitución se dará solo cuando los estadounidenses y las asociaciones ciudadanas tengan permitido donar cantidades ilimitadas de dinero (después de impuestos) a los candidatos y campañas de su elección.
Los donantes deberían de gozar de esta libertad. Además, debería de requerírsele a los candidatos que cada noche publiquen en internet cuánto han gastado y en qué. De esta manera, los votantes sabrían quién auspicia a quién, y con cuánto. Armados con esa información, los estadounidenses pueden tomar una decisión verdaderamente informada y democrática.
Predeciblemente, solo el prospecto de que los votantes puedan hacer una decisión tan libre e informada tiene al establishment de Washington alarmado.
Sr. Presidente, ¿podemos confiar en el pueblo estadounidense? Sí, sí podemos.
La semana pasada en una increíble demostración de hipocresía, el Presidente Obama utilizó su programa de radio semanal para pedir trabajar con el congreso e intentar revertir la decisión, y declaró: “No puedo pensar en nada más devastador para el interés público. Lo último que necesitamos hacer es entregar más influencia a los grupos de presión en Washington, o más poder a los intereses especiales, para cambiar el resultado de las elecciones” (énfasis añadido).
Esto viene de un presidente que realizó tratos y acuerdos en secreto con intereses especiales, para poder forzar la reforma de salud demócrata al pueblo estadounidense. Esto viene de un presidente con el que la masiva expansión del gobierno hacia el sector privado ha creado una estampida de grupos de presión a Washington para sacar un pedazo del dinero de los contribuyentes.
Pero incluso más revelador que la hipocresía, es el obvio desprecio que tienen hacia el pueblo estadounidense los que apoyan el financiamiento de campañas burocrático. Al final, esto es una cuestión de confianza. ¿Podemos confiar en la gente, y no en el gobierno, para determinar nuestro futuro político? La respuesta, Sr. Presidente, es bastante familiar:
“Sí podemos.”
Su amigo,

Enlaces de Newt
- Como saben, Callista y yo presentamos y producimos documentales en sociedad con Citizens United. Visite GingrichProductions.com para ver clips y conocer más.
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